Las demoras de Mara comienzan a irritar a sus nuevos “clientes”.

Ellos pensaban que con la Tekach iban a llover los verdes dólares. Pero se han encontrado con un obstáculo insuperable: la nueva titiritera estadounidense insiste en que sus marionetas se unan.  

Y para colmo, los hace esperar. Quizás porque tuvo algún percance doméstico o tuvo que hacer alguna cola para comprar combustible. No importa: el caso es que los tiene esperando y no acaban de llover los verdes dólares. Sequía total.

“Mara, afloja la mesada”, le insisten. Ella replica que tienen que unirse. Y arriban a punto muerto: ¿unirse? ¿Compartir los frutos de mis “multitudinarias marchas” con los menesterosos de la Unpacu?, piensa Bertha. ¿Montar en el avión a Yoani, ahora que nadie se acuerda ni de quién es ella?, piensa Payá.

Y no acaban de llover los verdes dólares. Se demoran. Como se demora Mara. Como se demora ese final de la Revolución que tanto desean. Y se seguirán demorando…

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